miércoles, 3 de junio de 2009

Pensando metafóricamente

Estoy sola en medio de una gran tormenta de nieve. La fuerte ventisca azota violentamente mi cuerpo. El aire parece divertirse haciendo formas con mi pelo. Las peculiares formas estrelladas de la nieve se clavan en mi cara como pequeñas agujas sin enhebrar para caer inertes sobre mis hombros. El viento cambia de dirección tan rápida como frecuentemente. Con tal velocidad q apenas me da tiempo a reconocer hacia que lado me empuja esta vez. Sube, baja, me enfada, me entristece, me produce rabia y desesperación al ser incapaz de controlar. Hay algo que a pesar de todo, permanece igual. Es frío, muy frío. Tan gélido q en vez de molestar llega a doler.

Sueño con volver a sentir los cálidos rayos del sol sobre mis mejillas. Aquellos rayos divinos q me hacían sonreír sólo por sentir su agradable contacto intangible. Aquel tiempo veraniego q tantas veces añoro y q tan poco parece q soy capaz de disfrutar cuando lo tengo cerca.

Sueño con el roce de las mantas, de su agradable tacto y su frágil acogida. Sé q fuera de su protección volverá a hacer frío y llegará el día en que éste consiga crear el invierno más duro de todos los tiempos. Pero hoy no me importa mientras siga pensando en el calor q me aporta el rincón q en algún momento me hizo ser alguien feliz, ser parte de ti, ser importante en tu vida, convirtiendo la mía en aquel sol que aportaba luz, calor y bienestar.

Sueño con aquel arco iris q guarda al final de su camino ese tesoro nunca podré alcanzar. No puedo elegir cuando quiero verlo y contemplar sus colores. No puedo elegir su tamaño y su longitud. A veces tengo suerte y me da la gran sorpresa de aparecer cuando menos me lo espero. Pero no siempre aparece cuando más lo necesito. Hoy tengo la necesidad de mezclar el rojo con el amarillo y conseguir un tono anaranjado. Anaranjado como el sol, como el calor de mis mantas. ¿Desde cuando estos pastelosos colores me han parecido tan preciados?

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