viernes, 19 de febrero de 2010

Bad Night




Esa chica se parece a mí. Su cara es de auténtico terror y la mía da miedo, pero no porque esté asustada. Ella es rubia. Yo también. Ella se droga. Yo no. Sin embargo padece una serie de estados que en cierto sentido compartimos. El cartel cita.. angustias, fobias, colapso, violencia, depresión, arritmias, alteraciones del sueño, agresividad, pánico, ansiedad y muchas otras más. Creo que me he visto en más de la mitad de los estados. Pero insisto, yo nunca me he drogado... ni tan siquiera tomo valerianas. Me parece irónico compartir casi al completo la descripción del póster cuando no reúno aquello que el anuncio intenta evitar. Ya ves, para sentirse así no hay que inyectarse, esnifarse ni siquiera fumarse, nada.

El autobús sigue sin aparecer y tengo tiempo para analizar y memorizar cada frase. Cual anuncio de película de terror trata de llamar la atención el slogan principal. Cuando tu peor enemigo crece en tu interior no puedes escapar. Dichosa frase. Me deja pensando. Y mira, creo que tiene razón. A fin de cuentas nosotros mismos somos responsables de lo que somos. Así que creo que cada uno de los estados que comparto con la chica rubia no son causa de las drogas, sino causa de nosotros mismos. Nuestro peor enemigo. Y no quiero decir que me encuentre así por hacer las cosas mal. Siempre he pensado que he hecho lo correcto. Es mi filosofía principal. De hecho, cuando he creído no hacerlo, he dado un giro a lo que sí he considerado que sería lo mejor.

En fin, dicen que las desgracias nunca vienen solas. Y en periodos de tiempo muy cortos, excesivamente cortos, son capaces de acumularse y acabar con la moral de cada uno. Llega un momento en que derramar el café en la mesa, tras una serie de catastróficas desdichas, puede ser el colmo. Y acabes llorando porque has puesto todo perdido y porque aquel mantel que ya necesitaba un buen lavado tenga que ir irremediablemente a la lavadora. Ahora es ese momento en el que el café ha elegido el peor para derramarse. Crees que se ha vuelto inteligente y ha esperado el instante justo para acabar de joderte la vida. Como si no tuvieras suficiente.

Así que suma y sigue. Cuando tú mismo te machacas, cuando el que te machaca es o no consciente de hacerlo, cuando las cosas pasan porque pasan, cuando estás esperando ese cambio que no acaba de llegar, cuando te da la sensación de que nada puede ir peor... siempre hay alguien que es capaz de hundirte un poco más en el barro. Y eso que ves montones de manos que se prestan a sacarte. Pero no acabas de decidirte por ninguna. Simplemente no crees que sean capaces de aguantar tu peso y, lo más importante, no quieres que caigan contigo. Es mejor no intentarlo. Ese es el segundo gran error, pero que por otro lado no puedo evitar.

Me gusta más pensar que llegará el momento en el que mi vida vuelva a la normalidad, a tener motivos por los que mantener una sonrisa constante, sin tener preocupaciones que me anulen el sueño o me hagan derramar esas lágrimas que nunca debieron salir de mis ojos. Porque no te mereces estas lágrimas, porque no te mereces ni una sola de estas letras, porque las nubes pasarán y volveré a sentir ese calor que tan feliz me hacía. Yo recuerdo que hace tiempo, tal vez ya demasiado, yo fui así, de aquella manera que persigo con anhelo.

Me gusta pensar que no has conocido ni la mitad de lo que soy capaz de ofrecerte. Me gusta pensar que, más temprano que tarde, te darás cuenta de que la decisión de estar a mi lado es la mejor que pudiste tomar. Porque te necesito cerca, ahora y siempre. Porque te quiero.

Viene el autobús y de nuevo ha empezado a nevar. Comienza el viaje de vuelta a casa. Sola y triste, pero no asustada como aquella rubia del cartel.

1 comentario:

Anónimo dijo...

so sorry!!!